Esta es la última semana de trabajos sobre el Sínodo de la Amazonía. El borrador del documento final ya fue presentado y se espera que el texto definitivo sea leído este viernes.

“Con este Sínodo, el Papa Francisco quiere despertar la conciencia de toda la Iglesia sobre el destino de los pueblos indígenas de la Amazonía, que viven bajo la amenaza de la extinción desde hace 500 años. Los misioneros han servido a estas personas, pero la situación sigue siendo dramática”. Con estas palabras el cardenal Christoph Schönborn, de 74 años, arzobispo de Viena, introdujo la sesión informativa en esta última semana de trabajos sobre el Sínodo para la Amazonía.

Durante su intervención, el purpurado admitió que nunca ha estado en la Región Panamazónica, pero como padre sinodal ha aprendido mucho sobre el valor de los pueblos indígenas: “Nosotros, como herederos de las potencias coloniales, debemos ser muy cuidadosos y conscientes de lo que significa para estos pueblos estar en peligro de extinción. El Papa nos pide que prestemos atención a los que no tienen voz, a los pueblos olvidados y a los pobres”.

El ex alumno del teólogo Joseph Ratzinger, más tarde Papa Benedicto XVI y colaborador de San Juan Pablo II, recordó también a los periodistas su experiencia en la Diócesis que ha dirigido durante 21 años.

“En Viena tenemos 180 diáconos permanentes, la gran mayoría casados. Una experiencia que nace gracias a la intuición de mi predecesor, el cardenal Konig, que puso en práctica una de las innovaciones introducidas por el Concilio Vaticano II. Hoy nuestros diáconos permanentes sirven en las parroquias, en las comunidades, en Caritas y también en las cárceles. El diaconado permanente puede realmente ayudar al trabajo pastoral en la Amazonía”.

El orden del diaconado, según lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1554, está destinado a ayudar y a servir a los obispos y a los presbíteros, indica el portal Aleteia. Un diácono, quien puede estar casado, puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

 Distribución más equitativa del clero

Otra ayuda a la Iglesia en el Amazonía, para el cardenal Schönborn, puede venir de una “distribución más equitativa del clero”.

Colombia, dijo, “tiene 1.200 sacerdotes en Estados Unidos, Canadá y España. Si al menos algunos de ellos pudieran trasladarse al Amazonas, serían de gran ayuda”. Europa, en comparación con otros continentes -añadió el presidente de los obispos austriacos- tiene abundancia de sacerdotes, sobre todo porque, “hay que reconocerlo, el salario es mejor que en las zonas pobres”. En resumen, para el cardenal, “toda América Latina, y de hecho toda la Iglesia Católica es corresponsable de la Amazonia”.

“Si hay necesidad de ayuda, la Iglesia debe hacer esfuerzos para enviar misioneros, como ya lo ha hecho en el pasado y también debe ser autocrítica para preguntarse “¿hemos tenido la confianza para buscar, para confiarnos realmente a las vocaciones de los nativos?”, argumentó.

 Amazonía, tierra decisiva

“La Amazonía es decisiva para el clima del mundo”, concluyó el cardenal, tocando el tema de la ecología integral y proponiendo a todos preguntarse cuál es nuestra contribución para aumentar los peligros para la Amazonía. Por ejemplo, usando teléfonos celulares hechos de minerales extraídos de la selva amazónica.

“La Laudato Si' ha demostrado que no hay desarrollo a medio y largo plazo, si no es sostenible. No hace falta ser como los negacionistas, que niegan la evidencia del problema, ni como los terroristas, que ven el fin del mundo cada vez más cerca, pero nadie puede evitar ahora una reflexión seria, como la que estamos haciendo en el Sínodo”, explicó el obispo de Rieti, Monseñor Domenico Pompili.

El padre italiano Darío Bossi, superior provincial de los Combonianos en Brasil, miembros de la Repam y de la red Iglesias y Minería en la Amazonía desde hace 15 años, habló sobre los daños causados al medio ambiente y a las poblaciones de la Amazonía por las industrias mineras.

“Sería un gesto muy fuerte si la Iglesia pudiera eliminar el uso del oro en sus liturgias y sacramentos”, dijo. Los buscadores de oro, denunció el comboniano, “por el equivalente a un anillo de oro mueven quintales de tierra y contaminan los ríos con mercurio y cianuro”. Solo el 10% del oro, aseveró, se utiliza para procesos que son realmente útiles, como el uso en medicina. El resto se almacena o se utiliza para joyería.

“En nuestro territorio de Piquia de Baixo -dijo el sacerdote- se encuentra la mayor mina de hierro a cielo abierto del mundo, con un proceso de exportación de 900 kilómetros, que atraviesa más de 100 comunidades. Los frutos de este “modelo extractivo depredador”, continuó explicando, son la deforestación y la contaminación. “Por no mencionar las tragedias debidas a la ruptura de presas mineras, como en Mariana en 2015 y este año en Brumadinho”, agregó.

Sostuvo que “este sistema ya no es tolerado por nadie. La minería es un mal común en la Amazonía, y en el 25% del territorio amazónico ya se han identificado nuevos puntos aptos para la extracción”. Afortunadamente, las comunidades indígenas están reaccionando, aseguró: “Desde hace 10 años la comunidad de Piquia de Baixo se está organizando para pedir la reparación total de los daños sufridos, y ahora están logrando construir un nuevo barrio lejos de las zonas contaminadas”.

El Prefecto del Dicasterio de Comunicación de la Santa Sede, Paolo Ruffini, informó que el Relator General del Sínodo, Cardenal Claudio Hummes, Arzobispo Emérito de Sao Paulo y Presidente de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), presentó en la mañana de este lunes el borrador del documento final de la Asamblea Especial.

Se trataron cuatro temas principales: “El camino del pueblo amazónico, la conversión integral a la plenitud y a la vida, la conversión pastoral, sinodal y misionera, y finalmente la conversión cultural y ecológica, y luego la cuestión de la inculturación”. Pero, concluye Ruffini, “el cardenal ha dejado claro que el proceso de escucha no ha terminado”.

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