Opinión

Los grupos democráticos progresistas y patrióticos deberían presentar lo antes señalado como una alternativa, no sólo viable sino indispensable si queremos realmente despegar del subdesarrollo y lograr para nuestro pueblo mucho mejores condiciones de vida sustentables en el tiempo.
Cualquier mejora en la operación de las instituciones públicas, y por tanto, en la credibilidad en éstas, solo será posible si se eleva la conducta moral de los individuos que las integran, mediante una adecuada formación ética.
Esa incertidumbre espantosa va generando un estado de angustia que progresa a un estado de desesperanza acumulativa, que termina dañando tan intensa y gravemente la homeostasia sicológica hasta que la siquis no aguanta más.
En algún momento la gente se da cuenta y se enoja y en casos se enoja mucho y quizás cuando tiene chance, y el voto es una, actúa a impulso de brutal ferocidad y dispara para cualquier lado. O dice basta.
Ya no basta con hacer referencia exclusiva a la presencia de más de cuarenta mil cubanos que participan en áreas clave de la vida nacional. Ahora el protagonismo del mal está más diversificado. Peligros adicionales se suman a los existentes. El grueso del país los desconoce gracias, entre otras cosas, a la férrea censura sobre la información.
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