Ha habido historias de mujeres entrenadas para asesinar. Lo que hace a Ziva un caso particular es el hecho de que fuera su padre, el director del Mossad, el encargado de su entrenamiento.

En días recientes los productores de la serie estadounidense NCIS (policía naval), sorprendieron a los fans con la inesperada y extraordinaria noticia sobre el retorno del personaje de Ziva David para la temporada 17. La acogida fue tal que hizo efecto dominó por el internet, y no tardaron en aparecer los podcasts y noticias haciendo especulaciones sobre cómo la sub-historia de amor de Ziva y Tony podría ser abordada gracias a este bienvenido giro de la serie.

Un giro bienvenido porque desde que Cote de Pablo, la actriz que personifica a la casi invencible exagente de Mossad, saliera de la serie, los fans no perdían la esperanza de verla nuevamente. Hubo esfuerzos para persuadir a la teleaudiencia de que ya eso no sería posible, pero la gente no aceptó nunca la negativa. Muchos de los comentaristas y seguidores intentaron cuadrar los posibles argumentos para el regreso de Ziva a NCIS y a sus divertidas andanzas con el también agente Anthony Di Nozzo.

La historia es cautivadora y la prueba es que ha seguido viviendo en la imaginación de quienes nos sentimos atrapados por ella. Tanto la trama general de la solidaridad y los afectos de los miembros del equipo, como la de la vida y circunstancias de Ziva tienen la coherencia suficiente para haberse arraigado en el público. Ha sido esa la razón por la que se ha mantenido una audiencia aceptable a pesar de los múltiples cambios de personajes y el desgaste normal de estos programas a lo largo de los años. A una amiga le preguntaba cómo hacía para seguir viendo NCIS y me decía: “Gibbs sigue allí. Es un padre leal, alguien que protege y quiere a sus compañeros de trabajo”. El espíritu de equipo y el personaje central de Gibbs le ofrecían a mi amiga ese mundo acogedor y cercano que logra superar los altibajos de la trama. Pero por la historia se puede caer la serie, y NCIS no es la excepción. Es por eso que quedaba una carta por jugar: resolver la legítima inquietud de los fans. Para los fieles seguidores de la historia, la sorpresiva y sólo mencionada muerte de Ziva hace varias temporadas, no había sido ni coherente ni aceptable.

Se me antoja a veces que esta es de esas historias que van a prevalecer. Siempre podrá ser versionada o reescrita, como ha pasado con otras obras de ficción.

Ha habido historias de mujeres entrenadas para asesinar. Lo que hace a Ziva un caso particular es el hecho de que fuera su padre, el director del Mossad, el encargado de su entrenamiento. Ya esa jerarquía le aporta a la historia un plano de rey-princesa. Además de lo anterior, otra notable diferencia, es el haber sido Ziva humanizada por un segundo padre, su jefe Gibbs, Ese proceso desde el inicio fue lento y por eso, creíble, y en ello participó no sólo Gibbs, “el buen gringo”, sino también el resto del equipo. El reentrenamiento de Ziva hacia la observancia de la ley obedece al principio que debe regir también al Estado, y es que no puede un agente de la ley acostumbrarse a cometer ni faltas ni crímenes. Es en medio de esta “salvación” que el público queda fascinado por cómo Ziva fue aceptando el reto gracias a la determinación de sus compañeros.

La historia de amor de Ziva con Tony, su compañero de trabajo, refleja los conflictos propios de quienes trabajan en los cuerpos policiales. Y en el caso de Ziva, han sido éstos consecuencia de una convivencia brutal con el peligro en el seno de su propia familia, una versión muy actualizada y compleja de la historia de los hijos de Abraham, Isaac e Ismael. La historia de Ziva está construida sobre una roca de tradiciones y de misterios.

Es muy revelador cuando un mundo ficcional comienza a dar evidencias de atemporalidad frente a nuestros propios ojos. Si efectivamente la historia de Tony y Ziva logra superar el paso del tiempo, no lo sabemos, pero sí pareciera ser candidata.

Sobre esas historias encantadoras que han llegado a nuestros días, se hizo un estudio en el 2016. De acuerdo a los investigadores Jamie Tehrani y Sara Da Silva, Wilhem Grimm no se había equivocado respecto a la antigüedad de las historias orales que habían recogido él y su hermano cuando publicaron sus cuentos en el siglo 19. Ahora se sabe que Juan y el árbol de habichuelas y La Bella y la Bestia, pueden rastrearse entre 2.500 y 6 mil años atrás, durante la era de bronce, más concretamente en hablantes de la lengua proto-indoeuropea (PIE). Para los estudiosos del folklore, la permanencia de estas narraciones en la psique humana aún es un misterio.

Un misterio que sigue y que, para mí, es palpable cuando leo a los fans de esta serie.

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