Usan como carnada la aparente necesaria igualdad social y económica, aunque saben bien que es inalcanzable. Igualdad que luego irrespetan cuando muestran su verdadera faz de asaltantes de los más desposeídos.

A pesar de todos los fracasos que han tenido los rojos en el mundo, tanto en la teoría como en la práctica, se resisten obtusos a aceptar que el alevoso sistema dialéctico marxista-leninista no ha producido sino miseria, tristeza, pobreza y yugo en todos los territorios y sociedades donde se ha implantado. Afortunadamente por períodos históricos relativamente cortos, pero interminables en la vida de todos aquellos que lo han tenido que vivir y sufrir en el pasado y, lamentablemente, todos los que todavía lo siguen y seguirán sufriendo en carne propia, sin que nada ni nadie les pueda aliviar una vida servil sin horizontes ni ambiciones aprovechada de acuerdo con el libre albedrío atribuido a los seres humanos por el Creador. Lo peor es que estos artífices de la manipulación de las emociones humanas están conscientes de que el ilusorio esquema ha sido y es un total fracaso social y económico para los pueblos que han tenido la mala suerte de sufrirlo.

Entre otras cosas, usan como carnada la aparente necesaria igualdad social y económica, aunque saben bien que es inalcanzable. Igualdad que luego irrespetan cuando muestran su verdadera faz de asaltantes de los más desposeídos y desvalidos material, espiritual y emocionalmente.

Nadie quiere ser igual a nadie, y mucho menos si esa igualdad es impuesta, forzada, para que la gente sienta esa identidad en su peor manifestación. Igualdad negativa. Igualdad para no tener nada o muy poco, sólo lo permitido por los jerarcas omnipotentes que manejan las leyes, organismos, instituciones, el aparato productivo, las finanzas, las voluntades y las mentes, la valentía y la cobardía, la dignidad y la honorabilidad de muchos; en fin, todo, mediante el terror y el miedo dosificado y administrado lentamente, amparados en legitimidad dudosa y en una constitucionalidad y legalidad interpretada al servicio de intenciones innobles, las cuales se mantienen subliminales para no asustar a la presa.

La igualdad de los humanos es sólo ante los ojos de Dios y ante la ley, siempre que ella sea general, abstracta, no obstante las fallas humanas, en toda la extensión de una nación de forma pareja, sin discriminación real o aparente. Muchos compatriotas han comprobado cómo se les ha aplicado la “igualdad” estirando las leyes para que alcancen a los perseguidos de la doctrina embustera y cruel que pretenden implantar.

Los llamados intelectuales del comunismo internacional actual, mimetizados en diversos refugios ideológicos de aparente buen propósito, que disfrazan sus perversas intenciones ante los incautos, son parásitos de cualquiera que les ofrezca alguna posibilidad de sedimentarse en cualquier parte del globo terráqueo. Desde luego, si ese “cualquier parte” es apetitoso, grande, desordenado, cómodo, fácil, democrático y rico, entonces la ruindad se desborda. Entonces, el fin justifica cualquier medio. El trofeo vale cualquier desmán.

Si hay que suprimir la libertad individual y colectiva, bienvenido sea. Sobre todo, la libertad en mayúscula, entendida como bien perteneciente a la naturaleza del hombre, por encima de cualquier limitación escrita y creada políticamente. No importa si hay que oprimir y someter a una colectividad. No interesa si hay que malgastar y acabar con los bienes de la república. Es intrascendente pisotear las tradiciones de generaciones pasadas y futuras. Es irrelevante aniquilar los valores morales y éticos, arruinar la cultura, abusar de los sentimientos y el alma de la sociedad.

Con tal de cumplir con el objetivo son capaces de todos los desmadres. Siempre lo han hecho así. La finalidad debe ser alcanzada y no puede ser limitada ni obstaculizada por debilidades o sentimentalismos. Caiga quien caiga y lo que caiga. Todos los métodos y acciones son aceptables, siempre que se logre doblegar a los que se opongan. Se debe lograr a cualquier costo. Poco a poco sin desmayo.

Esclavizan al pueblo cuando las instituciones corrompidas amparan únicamente a los cofrades del poder, y arremeten con vileza contra la mayoría disidente sin distingo de clase económica, social, racial o religiosa.

Pronto no habrá escuálidos ricos despreciados ni pobres dignificados protegidos; solamente afectos sumisos, enfermos desde la placenta, ávidos de poder político y monetario, desviados de toda decencia y rectitud. En fin, la ejecución de este plan canallesco requiere de colaboracionistas vende patria; que nunca faltan.

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